Visitas

Las Navidades han sido un buen momento para volver a ver a gente querida. Hace un par de semanas fue cuando recibí dos visitas ya casi inesperadas. La primera de ellas porque llevaba tiempo anunciada y ya sabéis cómo es eso de decir que a ver si voy a verte, que no se suele hacer. La segunda porque se confirmó un día antes, cuando casi ya creía que no se produciría, debido a la cantidad de compromisos del germano-madrileño.
Y todo concentrado en un fin de semana, increíble.
Fue el fin de semana de Reyes. Tras salir del trabajo el jueves ya se mascaba un finde largo. Tras las consabidas compras de última hora, lo de siempre, me fui de fies con mis amiguetes. Sin embargo mi aguante farrero, bastante limitado últimamente y es que nos hacemos viejetes, empezó a mermar y a eso de las tres de la mañana me batí en retirada.
El viernes llegó Paskito. Para los que no le conozcáis, Paski fue mi compañero de piso durante tres años de mi etapa como golferas universitario en Donosti, además de compañero de residencia otro año más. Rememorando antiguas y cruentas batallas nos fuimos de pingo con mis coleguillas, además de Javi (otro de mis compañeros de piso que vive en Vitoria) y el hinchado de Gonzalo (un vigoréxico que estudió también en Sanse). La noche se fue alargando y acabó como tenía que acabar: haciendo una macarronada en casa de Javi, viendo partidas de mus por la tele🙂 Así que aunque yo había preparado una cama en mi casa para la visita, acabamos durmiendo en casa extraña, tras bebernos una botella de crianza con un descomunal plato de macarrones entre pecho y espalda (menudo desperdicio). Al día siguiente fuimos a tomar el café a casa de Gonzalo, donde tuvimos una entrañable tertulia con sus padres, emperrados en que nos tomáramos un solisombra y nos fumásemos un farias, jeje.
A continuación llegó la segunda visita, Dani y Pino. Con pocas horas de sueño salimos a cenar de pinchos por la city. Con la panza llena acabamos en el Yerti, donde mis amigos pudieron comprobar la habilidad de Pino rulando petas :-)) Noche de muchas risas que acabó en un cutre Kebap (y digo cutre porque los dueños eran de Torrelavega y te daban carne picada en un pan chungo). Por desgracia Dani perdió la cartera (o se la quitaron, vete a saber) y tuvimos que anular tarjetas.
Al día siguiente más pinchos, consabida visita por la ciudad y las consabidas promesas de volver a vernos pronto, quién sabe dónde.
Lunes por la mañana, toca currar y yo con la peazo gripe que me merecía por un fin de semana de grandes excesos. Pero, por otra parte, sentado frente al ordenador en la oficina, jodido por el catarrazo pillado, el esbozo de una sonrisa no se borró de mis labios. 
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