Frase del 29 de Mayo: SdlH

Primer Estadio

-¡Yo soy tu padre! ¡Ese es mi lugar! – La emoción acabó por deshacer el débil nudo que Sebas tenía en el estómago y se echó a llorar, destrozado.

En sus cincuenta años de vida, jamás se había sentido tan derrotado. Sus bohemios sueños de juventud le venían una y otra vez a la cabeza: la carrera de Derecho que nunca pudo acabar, aquel viaje a Nueva York para el que nunca sacó tiempo ni dinero… Había renunciado a todo pero nunca se arrepintió. Vivía todo su pasado en el presente de su hijo. El día de su licenciatura no cabía en sí de orgullo. Luis había conseguido todo lo que a él se le había escapado siempre. Su gran jovialidad y vitalismo llenaba todos vacíos de su existencia. Le hacía olvidar que su trabajo era una mierda, que su matrimonio era un fracaso. Era el único motivo por el que valía la pena vivir. Esto no podía ocurrir, no era cierto, no ahora. No se le ocurría nada peor que lo que estaba pasando. No era justo, no era natural…

– ¡No!- Sebas gritó de rabia, en silencio.

 

Segundo Estadio

Carlos entró con toda determinación en el pub irlandés de la Calle Viilahermosa. Eran las 3:15 de la madrugada del sábado al domingo. Cogió un botellín de cerveza de la barra y lo estrelló contra la cabeza de aquel hijo de la gran puta, que cayó al suelo. Tenía poco tiempo, así que empezó a pegarle patadas en la cabeza. Le agarraron por la espalda y notó un agudo dolor en el oído cuando le lanzaron el primer puñetazo. Antes de caer al suelo pudo agarrase a uno de ellos y le mordió con todas sus fuerzas en uno de sus pezones. El cálido sabor de la sangre ajena en su boca hizo que esbozara una sonrisa justo antes de que otro puñetazo le hiciera desplomarse. Le habían sacado del bar. Intentaba librarse de las patadas. No gritaba, no se dolía.

No podía olvidar cómo había dejado que pegasen a Luis aquel día. Le faltó valor y huyó. Mientras le daban la mayor paliza de su vida se daba cuenta de cómo hay golpes que duelen más que las patadas. Mientras le recogía la ambulancia echó a llorar… en silencio.

 

Tercer Estadio

Bien entrada la tarde Carmen planchaba una pila de camisas mientras miraba la televisión. Su mirada ausente denotaba que su cabeza no estaba en su labor.

-He empleado toda mi vida- pensaba- Tantos esfuerzos, tanto trabajo… Todo se convierte en sufrimiento. Todo te golpea, todo se vuelve contra ti. ¡Luis, Dios mío, no te vayas! ¿Qué voy a hacer yo sin ti? ¿Sin verte, si besarte, sin tocarte, sin echarte la bronca porque eres un desastre, sin escuchar tus chorradas, sin prepararte la ropa para que vayas limpio al trabajo, sin hacerte tu comida favorita los sábados, sin prepararte borraja los lunes para que comas bien y oír cómo te quejas?  ¿Qué va a ser de mí sin ti, vida mía?

El programa volvió de la publicidad pero Carmen no lo oía.

 

Cuarto Estadio

La lluvia sorprendió a Lucía caminando, la tarde del viernes. Sin saber muy bien cómo, había llegado hasta el parque de Doña Casilda. Allí fue donde tres años antes, también en la tarde de un viernes, el idiota de Garmendia, un compañero de la facultad, le había robado un beso. Desde entonces ya siempre fue él.

No se le iba de la cabeza la última tarde que compartieron en la que ella se fue a casa enfadada por no sé qué tontería absurda. No había podido despedirse, no había podido disculparse, nada. No le quedaba nada.

– ¡Lucía, por Dios! ¿No ves que te estás mojando? – la voz de Idoia le sacó de su ensimismamiento. – ¡Tienes un aspecto horrible! Vamos, cielo,  vamos a tomar una taza de chocolate a mi casa.

Sentada en el coche oía en silencio el golpeteo de las gotas de lluvia en el parabrisas.

 

Quinto Estadio

Sentados en la barra del local de Luisma, cervezas en mano, todos enmudecieron de repente. Rafa había venido con un compañero de trabajo, Arturo, un chaval joven, que estaba siempre bromeando.

– ¿Qué pasa?- dijo. – El chiste no es tan malo, joder. 

Eran precisamente los chistes malos lo que menos soportaban de él. Lo que más echaban en falta.

Manu alzó su vaso y rompió el silencio:

– ¡Cojonudo! – dijo – ¡Me parece un chiste cojonudo!  – ¡Por Luis, qué cojones! – y todos se echaron a reír mientras brindaban. 

 

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8 respuestas a Frase del 29 de Mayo: SdlH

  1. ROC dijo:

    Pues a mí me parece una gran historia la que has escrito y te va muy bien. Has hecho un retrato bastante real de lo que aplasta a muchas mujeres que han dedicado su vida a la familia y de repente un día….Un abrazo y espero no haberme perdido, porque me duele la cabeza.

  2. sara dijo:

    ME ha aprecido un cuento muy bueno. Cuatro pinceladas y una historia es trsite, pero hermosa. Conseguir añorar a Luis en cuatro estadios sin que el aparezca es un gran logro.Un abrazo,Pedro.

  3. Ana B. dijo:

    Me falta algo, no sé qué… pero algo. ¿Será Luis?
    Y, oye, ¿un mordisco en el pezón, sentir su sabor? ¿Desde cuando se va sin camiseta a las discotecas?
    Quizá, a mi parecer, falta la explicación de algún que otro por qué, como este.
     
    Un saludo, nos leemos!🙂
     
    http://www.anabeleita.es

  4. Óscar dijo:

    Me ha gustado la originalidad en la forma de narrar y creo que la historia está muy bien llevada. Casi has conseguido que todos echemos de menos a Luis. Enhorabuena.
     
    Un abrazo

  5. Samuel dijo:

    pues a mi me parece cojonuda, casi tanto como el chiste malo. me parece muy original y bien escrita.
     
    nos leemos la semana que viene.
     
    http://www.graznidosdecuervo.blogspot.com

  6. Yol dijo:

    vaya… estoy sin palabras, con la piel de gallina y pensando qué coño ponerte en el comentario mientras lo escribo. … o sea, que no esperes mucho, a veces es mejor no decir nada, que decir alguna estupidez y quedarse corto o no saber expresarlo.un beso y hasta el próximo relato

  7. Cris dijo:

    Estoy de acuerdo, es diferente, bien escrita y me ha gustado. Sobre todo el ultimo estadio que te ha quedado redondo. Un abrazo. (creo que es la primera vez que me paso por aqui…por lo que: encantada!^^)

  8. Asiria dijo:

    Muy buena la idea que quieres transmitir o al menos entiendo como tal. A buen seguro que de no andar justo de tiempo la hubieras ampliado pero ya lo que has escrito está genial. Desde la rabia del principio, la fuerza que expresa ella que le abstrae de toda actividad, la vida que sigue caminando mientras en el bar se brinda con rabia por quien no está. Trepidante acción entremezclada con momentos reflexivos a solas realmente buenos. Un abrazo

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